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Detección de problemas respiratorios en niños y adolescentes

1. ¿Por qué debemos prestar atención a la respiración de los niños? 

Algunos niños pueden tener tos constante, dificultad para respirar o ruidos en el pecho, incluso sin estar enfermos. Estos síntomas pueden pasar desapercibidos si no se observan con cuidado. A veces se presentan solo durante el ejercicio, cuando hace frío o después de una gripa. Reconocerlos y hablarlos con el pediatra puede ayudar a detectar a tiempo problemas respiratorios que pueden empeorar si no se tratan bien. 

2. ¿Qué son las sibilancias  y cómo se detectan? 

Las sibilancias significan que los pulmones del niño reaccionan con demasiada facilidad ante diversos estímulos ambientales como polvo, aire frío o ejercicio. Cuando esto pasa, los bronquios (los tubos que llevan el aire a los pulmones) se cierran un poco y cuesta trabajo respirar. Esto puede causar tos seca, sonidos al respirar o sensación de ahogo. No siempre es asma, pero sí es una señal de alerta. 
 
Para estudiarlas se realiza una prueba llamada espirometría. En este examen, el paciente debe soplar muy fuerte por una boquilla conectada a un equipo que mide cuánta cantidad de aire puede sacar de los pulmones y con qué fuerza. De forma similar a inflar un globo, esta acción permite evaluar qué tan bien están funcionando los pulmones 

Si esta prueba no es concluyente, el médico puede hacer una prueba de provocación. En ella, el niño camina o trota suavemente, o respira aire fresco por unos minutos. Luego vuelve a soplar en la boquilla. Si los bronquios están sensibles, la máquina lo detecta. Esta prueba ayuda a confirmar si hay una reacción exagerada en los pulmones, incluso si no hay síntomas todo el tiempo. 

3. ¿Qué hacer si se detecta sensibilidad en los pulmones? 

Si el niño tiene hiperreactividad bronquial, el médico puede recomendar cambios simples en el hogar, evitar el polvo y el humo, exposición a humo de cigarrillo o usar medicamentos en aerosol cuando sea necesario. También es importante informar al colegio y asegurarse de que el niño tenga acceso a su tratamiento si lo necesita. 
 
La detección temprana mejora la calidad de vida y permite que los niños jueguen, hagan deporte y estudien sin problemas. 
 
Si notas que tu hijo tose mucho, se cansa rápido o hace ruidos al respirar, consulta al médico. Anota cuándo ocurren los síntomas y pregunta en la consulta médica  si puede hacerse una espirometría o prueba de esfuerzo para revisar cómo están sus pulmones. 

4. ¿Cómo se relaciona con el asma? 

Aunque las sibilancias  y el asma están muy relacionadas, no son lo mismo. La hiperreactividad puede ser una etapa inicial o una señal de alerta, pero no todas las personas que la tienen llegarán a desarrollar asma. Es más bien un indicio de que los pulmones son sensibles, y por eso es importante vigilar los síntomas y consultar al médico si se hacen frecuentes o molestos. 
 
El asma, en cambio, es una enfermedad crónica que incluye inflamación de las vías respiratorias, bronquios muy sensibles y síntomas repetitivos, como dificultad para respirar, tos y sensación de opresión en el pecho. Se puede tener hiperreactividad sin tener asma, pero si no se cuida, esa sensibilidad puede empeorar y convertirse en una enfermedad más compleja. 

5. Cuidados y acompañamiento en casa y en el colegio

Es muy importante crear un entorno que ayude a que el niño respire mejor: 
- Mantener los espacios libres de polvo, humo de cigarrillo o aerosoles. 
- Evitar el contacto con mascotas si se sabe que hay sensibilidad. 
- Ventilar bien los cuartos y limpiar con frecuencia. 
- Informar al colegio sobre la condición del niño para que puedan brindarle apoyo en actividades físicas o en caso de crisis. 
- Enseñar al niño a identificar cuándo se siente diferente y cómo avisar a un adulto. 

6. Tratamiento 

El tratamiento dependerá de los síntomas y el diagnóstico. En muchos casos, el médico puede indicar el uso de medicamentos que ayudan a abrir los bronquios cuando hay síntomas. También existen medicamentos de uso diario que sirven para mantener los pulmones tranquilos si hay un diagnóstico de asma o síntomas frecuentes. 
 
Además del tratamiento médico, la educación de la familia es clave. Aprender a usar correctamente el inhalador, identificar lo que desencadena los síntomas y seguir las recomendaciones del médico es lo más importante para lograr que el niño tenga una vida sana y activa. 

7. ¿Cuándo acudir al médico de inmediato? 

Es importante buscar ayuda médica urgente si observa que el niño presenta alguna de las siguientes situaciones: 
- Tiene dificultad para respirar incluso estando en reposo. 
- Respira tan rápido que no puede hablar con facilidad. 
- Se le hunden las costillas al respirar. 
- Tiene labios o uñas moradas o azuladas. 
- Siente opresión fuerte en el pecho que no mejora con el inhalador. 
- No responde a los medicamentos habituales o sus síntomas empeoran rápidamente. 

8. Recomendaciones para el día a día 

Para ayudar a prevenir los síntomas y cuidar la salud respiratoria del niño: 
- Mantener las vacunas al día como la influenza. 
- Evitar el humo de cigarrillo dentro de casa o en espacios cerrados. 
- Lavar la ropa de cama con frecuencia y evitar juguetes que acumulen polvo. 
- Enseñar al niño a reconocer cuándo comienza a sentirse mal. 
- Tener el inhalador disponible en todo momento si ha sido recetado. 
- Hacer seguimiento médico regular, incluso si el niño se siente bien. 

9. ¿Qué médicos tratan estas condiciones? 

El manejo de las sibilancias  y del asma requiere un trabajo en equipo entre diferentes profesionales de la salud: 
- Pediatra: es el primer contacto y quien hace el seguimiento regular. 
- Neumólogo pediátrico: especialista en enfermedades respiratorias de los niños. 
- Alergólogo: si se sospecha que el problema está relacionado con alergias. 
- Fisioterapeuta respiratorio: enseña ejercicios para mejorar la capacidad pulmonar. 
- Enfermería y psicología: apoyan el tratamiento y la educación del paciente y su familia.

 

 

Referencia 

[1] L. Valdesoiro, M. Bosque, M.T. Marco, O. Asensio, J. Antón y H. Larramona, "Rinitis alérgica e hiperreactividad bronquial", *Allergologia et Immunopathologia*, vol. 32, no. 6, pp. 340–343, 2004. 

 

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Preguntas Frecuentes

Debes estar atento si el niño tose con frecuencia, se cansa al jugar o hace ruidos al respirar, aunque no tenga gripa. Estos pueden ser signos de un problema respiratorio persistente.

Significa que sus pulmones reaccionan con mayor sensibilidad ante cosas como el polvo, el aire frío o el ejercicio. No siempre es asma, pero sí puede ser una señal de alerta.

Se hace a través de una espirometría, una prueba donde el niño sopla por una boquilla para medir cuánto aire puede sacar de los pulmones y con qué fuerza.

Sirve para saber si hay obstrucción o sensibilidad en los bronquios. El niño sopla fuerte por una boquilla conectada a un equipo, como si inflara un globo.

Puede mantenerse con cuidados y seguimiento. No todos los niños con bronquios sensibles desarrollan asma, pero deben vigilarse sus síntomas.

Evitar el polvo, humo, mascotas y tener buena ventilación. Es importante que el colegio sepa de la condición del niño para que puedan ayudarlo si tiene alguna molestia.

El médico puede indicar inhaladores para abrir los bronquios, medicamentos diarios y recomendaciones para el ambiente del hogar. También es clave enseñar al niño a reconocer sus síntomas.

Falta de aire en reposo, hundimiento de costillas al respirar, labios o uñas moradas, o si el niño no mejora con su tratamiento habitual.

Mantener la casa limpia, evitar el humo, seguir el tratamiento, tener el inhalador a mano y llevar al niño a controles médicos con regularidad.

El pediatra, el neumólogo pediátrico, el alergólogo, el fisioterapeuta respiratorio y profesionales de enfermería o psicología pueden ser parte del equipo de atención.