El cardiólogo solicitará diferentes exámenes dependiendo del perfil de riesgo del paciente, sus antecedentes clínicos y los síntomas que presente. Algunos de los exámenes más comunes son:
Electrocardiograma (EKG): Permite evaluar la actividad eléctrica del corazón y detectar arritmias o signos de infarto.
Ecocardiograma transtorácico: Utiliza ultrasonido para observar la estructura y función del corazón.
Prueba de esfuerzo o prueba de caminadora: Evalúa el comportamiento del corazón frente al ejercicio físico.
Holter de ritmo o de presión arterial: Registra la actividad cardíaca o la presión arterial durante 24 o 48 horas.
Perfil lipídico y pruebas de laboratorio: Evalúan colesterol, triglicéridos, glicemia, función renal y otros marcadores relevantes.
Estudios de imagen avanzada: Como resonancia cardíaca, angiotomografía coronaria o cateterismo, según sea necesario.
Todos estos estudios permiten al especialista tomar decisiones clínicas con mayor precisión, personalizando el plan diagnóstico y terapéutico de cada paciente.