Lumbalgia
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La lumbalgia, también conocida como dolor lumbar, se refiere al dolor que se siente en la parte baja de la espalda (región lumbar), la cual está delimitada por los últimos arcos costales en su borde superior y la cresta iliaca en su borde inferior. Este dolor puede variar desde leve hasta intenso y puede ser agudo (de corta duración) o crónico (de larga duración).
Síntomas
Los síntomas de la lumbalgia pueden variar ampliamente de una persona a otra y pueden manifestarse de diferentes maneras. Aquí se detallan en mayor profundidad los posibles síntomas que pueden experimentar quienes padecen esta condición:
Dolor en la Parte Baja de la Espalda: El síntoma más común de la lumbalgia es el dolor en la región lumbar, que se encuentra en entre los últimos arcos costales y la cresta iliaca. Este dolor puede variar desde una sensación de molestia leve hasta un dolor agudo y punzante.
Dolor que Irradia hacia las Piernas: En algunos casos, el dolor lumbar puede irradiarse hacia las piernas. Este dolor puede seguir el curso del nervio ciático y puede sentirse como un dolor punzante o eléctrico que se extiende desde la espalda baja hasta la parte posterior de una o ambas piernas.
Rigidez en la Espalda: Muchas personas con lumbalgia experimentan rigidez en la espalda, especialmente después de períodos de inactividad prolongada, como levantarse por la mañana o después de estar sentado durante mucho tiempo. Esta rigidez puede hacer que sea difícil moverse con libertad y puede empeorar el dolor.
Dolor que Empeora con la Actividad Física: El dolor de espalda asociado con la lumbalgia a menudo empeora con la actividad física, especialmente con movimientos que implican flexión, torsión o levantamiento de objetos pesados.
Debilidad Muscular: El dolor lumbar crónico puede provocar debilidad en los músculos de la espalda y las piernas, lo que puede dificultar la realización de tareas que requieren fuerza o resistencia muscular.
Alteraciones del Sueño: El dolor lumbar puede interferir con la calidad del sueño, haciendo que sea difícil conciliar el sueño o permanecer dormido durante toda la noche.
Tipos
Lumbalgia Mecánica: Esta es la forma más común de lumbalgia y está relacionada con los movimientos abruptos, esfuerzos musculares o actividad física intensa. En Colombia, hasta el 80% de la población experimentará al menos un episodio de lumbalgia mecánica en su vida.
Lumbalgia Inflamatoria: Se caracteriza por la inflamación en las articulaciones de la espalda, las cuales permiten realizar diferentes movimientos. Afecta alrededor del 5% de la población colombiana.
Lumbalgia Degenerativa: Ocurre como resultado del proceso natural de envejecimiento de la columna vertebral y puede causar dolor crónico y discapacidad. Aproximadamente el 10% de las personas mayores de 60 años en Colombia sufren de lumbalgia degenerativa.
Etapas de la Enfermedad
Aunque la condición puede ser altamente variable, se pueden identificar algunas etapas generales que describen la progresión típica de la enfermedad:
Etapa Temprana o Aguda
En esta etapa inicial, el paciente puede experimentar un dolor repentino en la parte baja de la espalda, que puede ser causado por una lesión reciente o un esfuerzo excesivo.
El dolor puede ser intermitente y puede empeorar con ciertos movimientos o actividades, como levantar objetos pesados, flexionarse o girar el torso.
Generalmente, el dolor no es constante y puede aliviarse con reposo y medicamentos analgésicos de venta libre.
El reposo relativo, la aplicación de compresas frías o calientes y la modificación de actividades pueden ayudar a aliviar el dolor y promover la curación.
Etapa Subaguda
En esta etapa, el dolor puede persistir durante varias semanas o meses después de la lesión inicial.
El dolor puede ser más constante en comparación con la etapa aguda, pero aún puede variar en intensidad según la actividad física y el nivel de estrés.
En esta etapa, es importante continuar con el tratamiento para prevenir la cronificación del dolor y restaurar la función física normal.
La terapia física, los ejercicios de fortalecimiento y estiramiento, y las técnicas de manejo del estrés pueden ser beneficiosas para mejorar la movilidad y reducir la sensación de malestar.
Etapa Crónica
En esta etapa avanzada, el dolor lumbar puede volverse permanente, lo que significa que persiste durante más de tres meses y puede ser difícil de controlar.
El paciente experimenta dolor constante o intermitente en la espalda baja, que puede irradiarse hacia las caderas, los glúteos o las piernas.
El dolor crónico puede tener un impacto significativo en la calidad de vida del paciente, afectando la capacidad para trabajar, realizar actividades diarias y disfrutar de una vida activa.
Además del dolor físico, el paciente puede experimentar fatiga, depresión, ansiedad y otros síntomas relacionados con el dolor crónico.
Se pueden utilizar diferentes enfoques terapéuticos, como medicamentos analgésicos, terapia física, técnicas de manejo del dolor, intervenciones psicológicas y, en casos graves, procedimientos invasivos como bloqueos nerviosos o la cirugía de columna vertebral.
Es importante tener en cuenta que la progresión de la lumbalgia puede variar según cada individuo y puede estar influenciada por factores como la gravedad de la lesión, la presencia de condiciones médicas subyacentes y el cumplimiento con el tratamiento recomendado.
Factores de riesgo
En Colombia, diversos factores pueden aumentar la probabilidad de desarrollar lumbalgia, una condición que afecta la calidad de vida de muchas personas. A continuación, se detallan los factores de riesgo más relevantes:
Estilo de vida sedentario: En la sociedad moderna, bien sea por trabajo u ocio, pasar largas horas sentado frente a un computador o un televisor, aumenta el riesgo dolor lumbar.
Sobrepeso u Obesidad: El peso ejerce una carga adicional sobre la columna vertebral, lo que puede provocar desgaste prematuro de las articulaciones y los discos intervertebrales, así como aumentar el riesgo de lesiones en la espalda.
Trabajo físicamente exigente: Las ocupaciones que implican levantar objetos pesados, realizar movimientos repetitivos o estar de pie durante largos períodos de tiempo pueden aumentar el riesgo de lesiones en la espalda.
Tabaquismo: Produce una reducción del flujo sanguíneo hacia los discos intervertebrales, provocando un deterioro más acelerado de estas estructuras.
Estrés emocional y mental: El estrés emocional y mental puede manifestarse físicamente en forma de tensión muscular, especialmente en la espalda y el cuello.
Mal higiene postural: Mantener una postura incorrecta al sentarse, pararse o levantar objetos puede ejercer presión adicional sobre la columna vertebral.
Lesiones Previas en la Espalda: Las distensiones musculares, hernias discales o fracturas vertebrales, pueden aumentar el riesgo de desarrollar lumbalgia en el futuro.
Enfermedades Subyacentes: Algunas enfermedades crónicas, como la artritis, osteoporosis o la espondilitis anquilosante, pueden aumentar el riesgo de desarrollar lumbalgia.
Trauma Físico: Traumatismos como caídas, accidentes automovilísticos o lesiones deportivas pueden causar daño de la espalda ya sea en los músculos, ligamentos o discos intervertebrales.
Prevención
La prevención de la lumbalgia es fundamental por varias razones clave:
Mejora de la Calidad de Vida: La lumbalgia puede tener un impacto significativo en la calidad de vida de los pacientes, afectando su capacidad para trabajar, realizar actividades diarias y participar en actividades recreativas.
Reducción del Sufrimiento: El dolor lumbar puede ser debilitante y angustiante para quienes lo experimentan, afectando su bienestar físico, emocional y social.
Prevención de Complicaciones: La lumbalgia no tratada o mal manejada puede aumentar el riesgo de complicaciones adicionales, como discapacidad, depresión, ansiedad, deterioro de la calidad de vida y aumento del riesgo de lesiones relacionadas con la caída.
Promoción de la Salud: Adoptar un estilo de vida saludable, que incluya mantener un peso adecuado, practicar una buena postura, realizar ejercicio regularmente y participar en actividades de fortalecimiento muscular.
Diagnóstico / Detección
El diagnóstico de la lumbalgia implica una evaluación exhaustiva de los síntomas del paciente, su historial médico y factores de riesgo. Aquí se detallan los elementos que hacen parte del proceso de diagnóstico de la lumbalgia:
Historia Clínica: Se obtiene una historia clínica detallada del paciente, incluyendo información sobre los síntomas actuales, la duración del dolor, los factores desencadenantes, cualquier lesión previa en la espalda, antecedentes familiares de enfermedades musculoesqueléticas y cualquier tratamiento previo recibido.
Examen Físico: Se realizará un examen físico completo para evaluar la movilidad, la fuerza muscular, la sensibilidad y la flexibilidad de la espalda y las extremidades.
Pruebas de Imagen: En algunos casos, pueden ser necesarias pruebas de imagen para confirmar el diagnóstico y evaluar la gravedad de la lesión. Las pruebas de imagen comunes incluyen radiografías, resonancias magnéticas (RM) y tomografías computarizadas (TC).
Pruebas de Laboratorio: En casos de lumbalgia inflamatoria o sospecha de una enfermedad subyacente, el médico puede solicitar pruebas de laboratorio, como hemograma, para detectar signos de inflamación, infección u otros trastornos autoinmunes.
Evaluación Neurológica: Si hay evidencia de compromiso neurológico, como debilidad muscular, pérdida de sensibilidad o pérdida de control de la vejiga o el intestino, el médico puede realizar una evaluación neurológica más detallada para evaluar la función de los nervios espinales y determinar la causa subyacente del problema.
Detección Temprana
La detección temprana de la lumbalgia es de suma importancia por varias razones fundamentales:
Prevención de la progresión de la enfermedad: Identificar la lumbalgia en sus etapas iniciales permite implementar medidas preventivas y terapéuticas que pueden prevenir la progresión de la enfermedad.
Manejo eficaz del dolor: Al intervenir en las primeras etapas de la enfermedad, se pueden implementar estrategias de tratamiento que alivien el dolor, reduzcan la inflamación y promuevan la curación de las estructuras dañadas.
Prevención de Complicaciones: La lumbalgia no tratada puede aumentar el riesgo de presentación de discapacidad, depresión, ansiedad, pérdida de función física y deterioro de la calidad de vida.
Reducción del Costo del Tratamiento: La intervención temprana puede reducir la necesidad de procedimientos médicos invasivos, hospitalizaciones prolongadas y terapias costosas a largo plazo.
Mejora de la Calidad de Vida: Al aliviar el dolor, restaurar la función física y promover el bienestar emocional, los pacientes pueden recuperar la capacidad de participar en actividades diarias, trabajar, socializar y disfrutar de una vida activa y saludable.
Tratamiento
El tratamiento de la lumbalgia puede ser multifacético y adaptarse a las necesidades individuales de cada paciente. Aquí se detallan con mayor profundidad los enfoques terapéuticos comunes utilizados en el tratamiento de esta condición:
Manejo del Dolor:
Medicamentos Analgésicos: Los analgésicos de venta libre, como el acetaminofén o el ibuprofeno, pueden ser útiles para aliviar el dolor leve a moderado asociado con la lumbalgia. En casos de dolor más intenso, pueden ser necesarios medicamentos recetados, como los opioides, pero se deben utilizar con precaución debido al riesgo de dependencia y efectos secundarios.
Antiinflamatorios No Esteroideos (AINEs): Los AINEs, como el ibuprofeno y el naproxeno, pueden ayudar a reducir la inflamación y el dolor asociado con la lumbalgia. Estos medicamentos pueden tomarse por vía oral o aplicarse en forma de cremas o geles tópicos sobre la piel en la zona afectada.
Relajantes Musculares: Los relajantes musculares pueden ser recetados para ayudar a aliviar el dolor y la rigidez muscular asociados con la lumbalgia.
Terapia Física y Rehabilitación:
Modalidades de Terapia Física: Se pueden utilizar diversas modalidades de terapia física, como la terapia con calor o frío, la electroterapia, la tracción espinal y la terapia de ultrasonido, para aliviar el dolor, reducir la inflamación y mejorar la función física.
Ejercicios de Fortalecimiento y Estiramiento: La terapia física juega un papel fundamental en el tratamiento de la lumbalgia. Los ejercicios específicos diseñados para fortalecer los músculos de la espalda, mejorar la flexibilidad y corregir desequilibrios musculares pueden ayudar a reducir el dolor y prevenir futuras lesiones.
Educación y Asesoramiento:
Educación sobre la Lumbalgia: Proporcionar información educativa sobre la lumbalgia, incluyendo consejos sobre la ergonomía, la postura correcta, las técnicas de levantamiento seguro y las estrategias de manejo del estrés, puede ayudar al paciente a comprender su condición y adoptar medidas preventivas para reducir el riesgo de futuros episodios de dolor.
Asesoramiento Psicológico: El dolor crónico puede tener un impacto significativo en la salud mental y emocional del paciente. El asesoramiento psicológico, como la terapia cognitivo-conductual o la terapia de relajación, puede ser beneficioso para ayudar al paciente a manejar el dolor, reducir el estrés y mejorar la calidad de vida.
Intervenciones Invasivas:
Procedimiento de Bloqueo Nervioso: Los procedimientos de bloqueo nervioso, como la radiofrecuencia pulsada o la inyección de anestésicos locales, pueden ayudar a bloquear las señales de dolor que se transmiten a lo largo de los nervios espinales, proporcionando alivio del dolor a largo plazo en algunos pacientes.
Cirugía:
La cirugía de columna vertebral puede considerarse en casos de lumbalgia crónica que no responde al tratamiento conservador. Los procedimientos quirúrgicos pueden incluir la descompresión nerviosa, la fusión espinal o la colocación de dispositivos de soporte.
¿Cómo lo tratamos en la Fundación Santa Fe de Bogotá?
Las siguientes especialidades médicas son relevantes para el tratamiento integral de la lumbalgia debido a sus áreas de experiencia y enfoques terapéuticos específicos:
Cirujanos de Columna (Ortopedistas y Neurocirujanos): Pueden evaluar la estructura y función de la columna vertebral, realizar procedimientos quirúrgicos cuando sea necesario y proporcionar recomendaciones para la rehabilitación y prevención de lesiones.
Neurología: Los pacientes con lumbalgia que presentan síntomas neurológicos, como debilidad muscular, pérdida de sensibilidad o alteraciones en el control de la vejiga o el intestino, pueden beneficiarse de la evaluación y el manejo por parte de un neurólogo.
Psicología y Psiquiatría: Pueden ayudar a los pacientes a manejar el estrés, la ansiedad, la depresión y otros aspectos psicosociales relacionados con el dolor crónico, utilizando técnicas de terapia cognitivo-conductual, terapia de relajación y asesoramiento emocional.
Anestesiología y Medicina del Dolor: Pueden realizar procedimientos de bloqueo nervioso, administrar terapias de infusión de medicamentos y coordinar el uso de analgésicos opioides y no opioides para proporcionar alivio del dolor a los pacientes con lumbalgia.
Medicina Física y Rehabilitación: Pueden evaluar la función física, prescribir ejercicios específicos de rehabilitación y coordinar el cuidado multidisciplinario para ayudar a los pacientes a recuperar la movilidad y mejorar la calidad de vida.
Fisioterapia y Terapia Ocupacional: Estos profesionales pueden proporcionar ejercicios específicos de fortalecimiento y estiramiento, técnicas de terapia manual, modalidades de terapia física y recomendaciones ergonómicas para ayudar a los pacientes a recuperar la función física y prevenir futuras lesiones.

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