Antiparasitarios más comunes para amebiasis, ascariasis, oxiuros, etc
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¿Qué son los antiparasitarios?
Los antiparasitarios son medicamentos diseñados para eliminar parásitos que afectan el aparato digestivo, como protozoos y helmintos. Actúan interfiriendo procesos vitales del parásito, lo que permite que el cuerpo lo elimine progresivamente. Estos fármacos ayudan a controlar infecciones que provocan diarrea, dolor abdominal, gases persistentes o pérdida de peso, molestias que interfieren en la vida diaria si no se tratan a tiempo.
En la práctica clínica, los antiparasitarios se eligen según el tipo de parásito identificado o sospechado. Cada microorganismo responde a medicamentos diferentes, por lo que un diagnóstico adecuado es esencial. Usarlos sin indicación puede ocultar síntomas, retrasar un diagnóstico correcto o generar reinfecciones. Por eso, su empleo debe basarse en evaluación médica y en el tipo de infección presente.
¿Para qué sirven estos medicamentos?
Los antiparasitarios permiten tratar de forma efectiva las infecciones intestinales causadas por protozoos o lombrices, disminuyendo los síntomas y evitando complicaciones. Cuando se administran en el momento adecuado, ayudan a restablecer la función del intestino y mejoran la absorción de nutrientes, especialmente en niños y adultos mayores.
Eliminan al parásito responsable de la infección: actúan directamente sobre el microorganismo para detener su ciclo y facilitar su expulsión.
Reducen la inflamación del intestino: al controlar la infección, disminuyen el dolor, los gases y las evacuaciones frecuentes.
Previenen complicaciones y reinfecciones: un tratamiento oportuno evita anemia, desnutrición y transmisión dentro del hogar.
Síntomas
Diarrea persistente o intermitente, a veces con moco o mal olor.
Dolor abdominal tipo cólico, que empeora con las comidas.
Gases y distensión, con sensación de llenura constante.
Náuseas o poco apetito, especialmente al inicio del cuadro.
Cansancio y debilidad, por la mala absorción de nutrientes.
Pérdida de peso progresiva, cuando la infección se prolonga.
Factores de riesgo
¿Qué causa estas infecciones parasitarias?
Consumo de agua o alimentos contaminados: frutas, verduras o agua sin tratamiento pueden contener huevos, quistes o larvas.
Contacto con superficies o tierra infectada: los parásitos se adquieren al manipular tierra o jugar en suelos contaminados sin lavarse las manos.
Falta de higiene personal o sanitaria: no lavarse las manos después de ir al baño o antes de comer facilita la transmisión fecal-oral.
Convivencia cercana con personas infectadas: compartir baños, utensilios o dormir en espacios reducidos aumenta el riesgo de contagio.
Factores de riesgo
Vivir en zonas con saneamiento limitado: aumenta la exposición a agua no tratada y alimentos contaminados.
Defensas bajas por enfermedad o tratamientos: facilita que los parásitos se establezcan y causen cuadros más intensos.
Higiene deficiente dentro del hogar: baños sin desinfección o manipulación insegura de alimentos favorecen las infecciones.
Ambientes colectivos concurridos: guarderías, internados o albergues propician brotes de parásitos intestinales.
¿A quién le ocurre con mayor frecuencia?
Niños pequeños: exploran el entorno con las manos y llevan objetos a la boca.
Adultos mayores: su sistema inmunológico responde más lentamente ante infecciones.
Quienes viven en zonas rurales: tienen mayor exposición a agua y tierra contaminada.
Mascotas: algunos parásitos pueden transmitirse por contacto con animales.
Prevención
Análisis de heces para buscar parásitos directamente: permite identificar huevos, quistes o larvas mediante observación en el laboratorio.
Pruebas de antígenos o técnicas moleculares específicas: detectan parásitos difíciles de visualizar y aumentan la precisión del diagnóstico.
Evaluación clínica realizada por el médico tratante: revisa síntomas, antecedentes y la duración del cuadro para orientar la sospecha.
Exámenes complementarios cuando el cuadro es prolongado: ayudan a detectar anemia, desnutrición u otros efectos de la infección
Señales de alarma
Diarrea persistente: indica que puede haber otras causas no infecciosas
Sangre en las heces o dolor abdominal: requiere valoración médica inmediata.
Fiebre alta o vómito continuo: dificultan la hidratación adecuada.
Pérdida de peso marcada en poco tiempo: sugiere mala absorción severa.
Debilidad extrema o mareos: signos de deshidratación o anemia.
Síntomas en miembros de la familia: posible brote que necesita atención profesional.
Consejos para prevenir
Lava frutas y verduras: elimina tierra y posibles huevos de parásitos.
Consume agua hervida: evita ingerir microorganismos por agua contaminada.
Buena higiene de manos: especialmente antes de comer y después de ir al baño.
Cocina adecuadamente carnes y pescados: el calor destruye larvas y parásitos.
Desinfecta baños y utensilios de cocina: reduce la transmisión en el hogar.
Tratamiento
¿Qué hacer si sospechas una infección parasitaria?
Consulta al médico para una valoración adecuada: permite identificar el tipo de parásito y definir el tratamiento más apropiado según tus síntomas.
Evita tomar antiparasitarios por tu cuenta: el medicamento incorrecto puede enmascarar el cuadro, retrasar el diagnóstico y favorecer reinfecciones.
Mantén una hidratación adecuada cada día: ayuda a compensar la pérdida de líquidos cuando la diarrea es frecuente o persistente.
Observa si otras personas en casa tienen síntomas: algunas infecciones se transmiten fácilmente dentro del hogar y requieren atención simultánea.
Refuerza la higiene personal y del entorno: lava manos, utensilios y superficies para reducir el riesgo de contagio y nuevas infecciones.
Formas De Tratarla
Antiparasitarios específicos según el tipo identificado: el médico selecciona el medicamento adecuado para eliminar el parásito y controlar los síntomas.
Hidratación constante durante el tratamiento indicado: ayuda a compensar la pérdida de líquidos y favorece una recuperación más rápida.
Alimentación ligera mientras mejora la función intestinal: permite disminuir la irritación del intestino y facilitar la absorción de nutrientes.
Seguimiento médico para confirmar resolución completa: asegura que el parásito haya sido eliminado y evita complicaciones o reinfecciones posteriores.
¿Cómo lo tratamos en la Fundación Santa Fe de Bogotá?
Especialistas involucrados
Médico general: realiza la valoración inicial y solicita exámenes de heces.
Gastroenterólogo: atiende casos persistentes o asociados a anemia o pérdida de peso.
Infectólogo: interviene en infecciones complejas o resistentes.
Nutricionista: apoya en la recuperación nutricional tras infecciones prolongadas.

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