Cómo desinfectar frutas, verduras y utensilios de cocina
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La desinfección es el proceso que permite eliminar gérmenes que pueden encontrarse en frutas, verduras y en los utensilios que usamos para prepararlas. Aunque los alimentos parezcan limpios, suelen tener restos de tierra, microorganismos del ambiente o contaminación adquirida durante la cosecha, transporte o manipulación.
Desinfectar de forma adecuada evita que estos microorganismos lleguen al organismo y produzcan infecciones digestivas. Es una medida sencilla y esencial en el hogar, que aumenta la seguridad de los alimentos y protege especialmente a los grupos más vulnerables, como niños, adultos mayores y personas con defensas bajas.
¿Para qué sirve desinfectarlos correctamente?
La desinfección adecuada ayuda a evitar que los gérmenes de la tierra, del agua o de superficies contaminadas lleguen al organismo. Protege especialmente a niños, embarazadas, adultos mayores y personas con defensas bajas.
Previene enfermedades digestivas: disminuye el riesgo de infecciones causadas por bacterias, virus o parásitos presentes en alimentos crudos.
Evita la contaminación cruzada: impide que los gérmenes de alimentos crudos pasen a alimentos listos para comer.
Reduce la carga de microorganismos: ayuda a eliminar suciedad, esporas y restos que pueden causar intoxicaciones.
Síntomas
Diarrea frecuente y de inicio rápido: aparece porque los microorganismos alteran el intestino y aceleran el tránsito de los alimentos.
Dolor abdominal tipo cólico: surge cuando el intestino se inflama al reaccionar frente a bacterias o toxinas ingeridas.
Náuseas acompañadas de vómito: el cuerpo intenta expulsar el alimento contaminado para detener la irritación digestiva.
Fiebre con sensación de malestar: se presenta cuando el organismo activa las defensas para combatir la infección ingerida.
Debilidad o cansancio evidente: ocurre por la pérdida de líquidos y sales que se eliminan a través de diarrea y vómitos.
Signos de deshidratación moderada: se manifiesta como boca seca y mareos debido a la baja de agua y electrolitos.
Factores de riesgo
¿Qué causa la contaminación de frutas, verduras y utensilios?
Agua no potable o manejo inadecuado: el riego o lavado con agua contaminada permite el ingreso de microorganismos.
Contacto con tierra o superficies sucias: frutas y verduras pueden contaminarse durante la cosecha, transporte o almacenamiento.
Manipulación sin higiene: manos sucias o utensilios mal lavados facilitan el traspaso de bacterias.
Refrigeración o conservación deficiente: mantener alimentos sin frío adecuado favorece el crecimiento de microorganismos.
Factores de riesgo
Preparar alimentos sin lavado previo: permite que permanezcan microorganismos invisibles en la superficie de frutas y verduras.
Usar la misma tabla para crudos y cocidos: favorece el paso de bacterias de carnes o pescados hacia alimentos listos para comer.
Utilizar esponjas o paños sucios: acumulan gérmenes con facilidad y los transfieren a utensilios y superficies de la cocina.
Almacenar vegetales sin refrigeración adecuada: facilita el crecimiento de microorganismos y aumenta el riesgo de contaminación.
¿A quién afecta más la contaminación alimentaria?
Niños pequeños: su sistema inmune está inmaduro y la deshidratación progresa rápido, por lo que pequeñas cantidades de bacterias pueden causar diarrea severa.
Mujeres embarazadas: ciertos microorganismos presentes en alimentos crudos, como Listeria, pueden atravesar la placenta y generar complicaciones en el embarazo.
Adultos mayores: sus defensas son más lentas y suelen tener enfermedades previas, lo que aumenta el riesgo de infecciones prolongadas o graves.
Personas con defensas bajas: quienes viven con VIH, cáncer o toman inmunosupresores pueden enfermarse con microorganismos que normalmente no afectan a otras personas.
Prevención
Lava siempre tus manos antes de preparar alimentos: previene que los gérmenes pasen de tus manos a los alimentos.
Usa agua potable o hervida para lavar y desinfectar: el agua contaminada puede transmitir microorganismos.
Desinfecta frutas y verduras antes de consumir: remójalas con la solución correcta para eliminar bacterias y tierra.
Cocina adecuadamente carnes, huevos y pescados: el calor destruye microorganismos que podrían contaminar otros alimentos.
Mantén los utensilios y superficies limpios: tablas, cuchillos y mesones deben lavarse y desinfectarse después de cada uso.
Diagnóstico / Detección
Evaluación médica inicial: el profesional revisa síntomas digestivos, historial de alimentos consumidos y signos de deshidratación.
Pruebas de laboratorio en heces: permiten identificar bacterias, virus o parásitos que pueden haberse transmitido por alimentos mal desinfectados.
Exámenes de sangre si el cuadro es severo: ayudan a detectar inflamación, deshidratación o alteraciones en electrolitos.
Estudios complementarios según el caso: como coprocultivo o pruebas específicas, si se sospechan toxinas o brotes de origen alimentario.
Tratamiento
Hidratación adecuada y constante: el objetivo principal es reponer líquidos y sales perdidas por diarrea o vómito.
Alimentación progresiva y suave: se inicia con comidas de fácil digestión mientras el intestino se recupera.
Medicamentos según indicación médica: solo se usan fármacos cuando se confirma un microorganismo específico.
Corrección de hábitos de higiene: mejorar la limpieza de alimentos y utensilios evita que la infección se repita.
¿Qué hacer si sospechas contaminación?
Consulta al médico si los síntomas duran más de dos días: fiebre, diarrea o vómito pueden indicar una infección por alimentos contaminados.
Evita automedicarte con antibióticos: algunos microorganismos empeoran cuando se usan medicamentos sin indicación profesional.
Revisa qué alimento consumiste antes de los síntomas: ayuda a identificar si hubo mala higiene o fallas en la desinfección.
Hidrátate con agua potable o suero oral: la reposición de líquidos es clave si existe diarrea o vómito.
Consume alimentos suaves y fáciles de digerir: sopas, arroz o frutas cocidas ayudan al intestino a recuperarse.
Refuerza la limpieza en la cocina: lava nuevamente frutas, verduras, tablas y utensilios para evitar más contagios.
Señales de alarma
Diarrea abundante o con sangre: puede causar deshidratación severa en poco tiempo.
Fiebre alta que no mejora: indica infección activa que requiere valoración urgente.
Vómito continuo: impide hidratarse y eleva el riesgo de complicaciones.
Dolor abdominal fuerte y constante: indica una infección grave o irritación intestinal.
Pérdida de peso o falta de apetito: refleja afectación nutricional que debe evaluarse.
Mareos, debilidad o somnolencia: signos de deshidratación que requieren atención.
¿Cómo lo tratamos en la Fundación Santa Fe de Bogotá?
Médico general: identifica los síntomas iniciales y orienta el manejo de acuerdo con la gravedad.
Gastroenterólogo: evalúa complicaciones digestivas o infecciones que no mejoran con el tratamiento habitual.
Infectólogo: participa cuando se sospechan bacterias resistentes o brotes de origen alimentario.
Nutricionista: orienta en la dieta adecuada durante la recuperación y en prácticas seguras de higiene alimentaria.

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