Esguinces y desgarros del ligamento cruzado de la rodilla
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Salud de la Fundación Santa Fe.
La rodilla está formada por huesos (estructuras que sostienen el cuerpo), músculos (tejidos que permiten mover la pierna), cartílagos (tejido que cubre los extremos de los huesos y permite que se deslicen sin fricción) y ligamentos (bandas resistentes que unen los huesos y mantienen la articulación estable). Todos ellos trabajan juntos para que puedas caminar, correr, girar o agacharte. Entre los ligamentos hay dos muy importantes: el ligamento cruzado anterior (LCA) y el ligamento cruzado posterior (LCP), llamados "cruzados" porque se cruzan formando una "X" dentro de la rodilla.
El LCA impide que la tibia (hueso de la espinilla) se desplace demasiado hacia adelante.
El LCP evita que la tibia se desplace hacia atrás.
Cuando alguno de estos ligamentos se estira demasiado o se rompe, hablamos de un esguince o desgarro. Un esguince es un estiramiento o lesión leve, mientras que un desgarro es una ruptura parcial o total del ligamento. Estas lesiones afectan la estabilidad de la rodilla y pueden impedir que la persona camine con normalidad o practique actividades físicas.
¿Qué lo causa?
Estas lesiones ocurren por movimientos o situaciones que sobrepasan la capacidad del ligamento:
Giros bruscos del cuerpo sin mover el pie: Por ejemplo, al jugar fútbol, cambiar de dirección mientras el pie sigue fijo en el suelo puede hacer que el ligamento se estire demasiado y se rompa.
Saltos mal aterrizados: Caer con la pierna extendida y la rodilla girada puede generar una presión excesiva sobre el ligamento.
Golpes directos en la rodilla: Como los que ocurren en deportes de contacto o en accidentes de tránsito. Un golpe en la parte frontal puede dañar el LCP; un golpe lateral o una caída puede afectar el LCA.
Debilidad muscular o falta de control del movimiento: Si los músculos del muslo (como los cuádriceps y los isquiotibiales) no están bien fortalecidos, la rodilla queda menos protegida frente a estos movimientos forzados.
Síntomas
Síntomas
Ruido o sensación de "crack" o "pop" en la rodilla en el momento de la lesión.
Dolor fuerte e inmediato que puede dificultar apoyar la pierna.
Hinchazón rápida en las primeras horas: ocurre porque se produce sangrado interno, es decir, que la sangre se acumula dentro de la articulación de la rodilla debido a la lesión del ligamento.
Inestabilidad o sensación de que la rodilla "se va" o no sostiene el peso.
Limitación para doblar o estirar la pierna con normalidad.
¿Qué hacer?
Suspender de inmediato la actividad física.
Aplicar hielo envuelto en un paño por 15-20 minutos cada 2 o 3 horas durante las primeras 48 horas.
No apoyar la pierna lesionada si hay dolor intenso o inestabilidad.
Elevar la pierna y usar una venda compresiva, si es posible.
Consultar al médico lo antes posible para una evaluación adecuada.
Factores de riesgo
Factores de riesgo
Practicar deportes con cambios rápidos de dirección: Fútbol, baloncesto, tenis o esquí exigen movimientos repentinos que aumentan el riesgo de lesiones del LCA.
Ser mujer joven: las mujeres, especialmente adolescentes, tienen más riesgo porque su pelvis y músculos son diferentes a los de los hombres, las hormonas afectan la flexibilidad y fuerza de los ligamentos, y la forma de aterrizar al saltar (cómo doblan rodillas y pies) puede aumentar la presión sobre la rodilla y el ligamento cruzado anterior.
Sobrepeso: El exceso de peso genera más carga sobre la rodilla y aumenta el riesgo de lesiones incluso en actividades cotidianas.
Falta de calentamiento o técnica incorrecta: Empezar a hacer ejercicio sin preparar el cuerpo o hacer movimientos mal ejecutados también puede provocar una lesión del ligamento.
¿A quién le ocurre?
Jóvenes y adultos activos, especialmente quienes hacen deportes de alto impacto.
Mujeres adolescentes, quienes tienen mayor frecuencia de lesiones del LCA en comparación con hombres de la misma edad.
Personas con antecedentes de esguinces o debilidad en la rodilla, ya que un ligamento previamente dañado es más vulnerable a volver a lesionarse.
Prevención
Prevención
Calentar antes de hacer ejercicio para preparar los músculos.
Entrenar la fuerza de muslos y glúteos, lo que estabiliza la rodilla.
Practicar la técnica adecuada de salto y aterrizaje.
No forzar el cuerpo si hay dolor o fatiga.
En deportes de equipo, seguir programas de prevención de lesiones que han demostrado reducir significativamente las lesiones del LCA, especialmente en mujeres jóvenes.
Especialistas involucrados
Ortopedista: especialista en huesos, articulaciones, músculos y ligamentos; decide si se necesita cirugía o tratamiento avanzado.
Médico general o médico deportivo: realiza la primera revisión, evalúa los síntomas y da seguimiento inicial.
Fisioterapeuta: crea un plan de ejercicios para recuperar movilidad, fuerza y coordinación de la rodilla tras la lesión.
Diagnóstico / Detección
¿Cómo se diagnostica?
Examen físico: el médico mueve la rodilla y realiza pruebas especiales para ver si el ligamento está dañado, si hay dolor o inestabilidad.
Resonancia magnética: estudio que utiliza imanes y ondas de radio para crear imágenes detalladas de los tejidos blandos, como los ligamentos. Permite saber si el LCA o LCP están parcialmente o totalmente desgarrados.
Radiografía: usa rayos X para tomar imágenes de los huesos. No permite ver los ligamentos, pero ayuda a descartar fracturas que puedan ocurrir junto con la lesión del ligamento.
Tratamiento
Tratamiento
Conservador (sin cirugía): Para esguinces leves o desgarros parciales en personas que no practican deporte. Incluye fisioterapia, ejercicios de fortalecimiento y reeducación del movimiento.
Quirúrgico: Si hay ruptura total o inestabilidad importante, se puede hacer una reconstrucción del ligamento, que consiste en reemplazar el tejido roto con un injerto (tejido del mismo paciente o de un donante).
La decisión depende de la edad, actividad física, grado de lesión y objetivos del paciente.
Rehabilitación
Fase inicial: Control del dolor, inflamación y recuperación del movimiento.
Fase intermedia: Ejercicios para recuperar fuerza en cuádriceps, glúteos y músculos de la pierna.
Fase avanzada: Trabajo de equilibrio, coordinación y resistencia.
Retorno progresivo al deporte o actividad: Solo con autorización médica, y cuando la fuerza y estabilidad hayan sido recuperadas.
Señales de alarma
Dolor que no mejora o empeora con el tiempo.
Sensación continua de que la rodilla “falla” o se sale.
Fiebre, enrojecimiento o calor local, que pueden ser signos de infección tras cirugía.
Incapacidad para apoyar la pierna más allá de los primeros días de la lesión.

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