Fractura de fémur
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Salud de la Fundación Santa Fe.
La fractura de fémur ocurre cuando se rompe el hueso del muslo. Este hueso es el más largo y fuerte del cuerpo humano. Su función principal es conectar la cadera con la rodilla, permitiendo que podamos caminar, mantenernos de pie y realizar movimientos como correr o subir escaleras.
Cuando este hueso se fractura (se rompe total o parcialmente), la persona pierde la capacidad de usar la pierna con normalidad, lo que causa dolor intenso e inmovilidad. Generalmente requiere atención médica urgente y tratamiento especializado para evitar complicaciones y favorecer una buena recuperación.
Las fracturas de fémur se pueden clasificar según el lugar donde ocurre la ruptura:
Fractura proximal: ocurre cerca de la cadera. Es común en personas mayores y suele estar relacionada con caídas y osteoporosis (enfermedad que debilita los huesos y los hace más frágiles, aumentando el riesgo de fracturas).
Fractura diafisaria: sucede en la parte media del muslo. Está relacionada con traumatismos de alta energía como choques o caídas desde altura.
Fractura distal: se da cerca de la rodilla. Puede ocurrir por golpes directos o accidentes.
Síntomas
Síntomas
Una fractura de fémur puede identificarse por los siguientes signos:
Dolor intenso e inmediato en el muslo, especialmente al intentar moverse o apoyar el peso del cuerpo.
Incapacidad para caminar o mover la pierna. La pierna puede quedar inmóvil o muy dolorida.
Deformidad en la pierna: Puede verse torcida, más corta o girada hacia un lado.
Hinchazón, moretones y cambios de color en la piel: Señales de que hubo una lesión interna importante.
Sensación de frialdad o palidez en el pie: Podría indicar problemas con la circulación sanguínea debido a la fractura.
¿Qué hacer?
Ante una fractura sospechosa:
No mover la pierna. Cualquier movimiento puede empeorar la lesión.
Inmovilizar: Si se tiene acceso a una tabla o elemento rígido, usarlo para mantener la pierna recta.
Aplicar frío: Colocar hielo envuelto en un paño sobre la zona para reducir la inflamación.
Buscar atención médica urgente: La persona debe ser llevada a un hospital para recibir tratamiento.
Tipos
¿Qué la causa?
Las causas varían según la edad, el estilo de vida y el estado general de los huesos:
Caídas: Principalmente en adultos mayores. Con el paso del tiempo, los reflejos y el equilibrio disminuyen. Si el hueso también está debilitado, como ocurre en la osteoporosis, una caída leve puede ser suficiente para romperlo.
Golpes fuertes o accidentes: En personas jóvenes con huesos sanos, el fémur solo se fractura por traumas muy intensos, como los que ocurren en accidentes de tránsito, deportes extremos o caídas de gran altura.
Movimientos bruscos o actividades exigentes: A veces, los movimientos repetitivos o mal ejecutados en deportes pueden ir debilitando el hueso hasta que se rompe ante un esfuerzo adicional. También puede pasar si se da un giro brusco sobre una pierna sin estar preparado.
Osteoporosis: Es una enfermedad que vuelve los huesos frágiles. Muchas personas no saben que la tienen hasta que sufren una fractura. Afecta especialmente a mujeres después de la menopausia, pero también a hombres mayores.
Factores de riesgo
Factores de riesgo
Los factores de riesgo son condiciones que aumentan la posibilidad de sufrir una fractura de fémur:
Envejecer: con los años, el hueso pierde densidad ósea (cantidad y fuerza del tejido que lo forma), lo que lo hace más frágil y propenso a romperse.
Ser mujer y haber pasado la menopausia: En esta etapa disminuye la producción de estrógeno, una hormona que protege la salud ósea. Sin ella, el hueso se debilita con más rapidez.
Falta de actividad física: El ejercicio ayuda a fortalecer tanto los huesos como los músculos, que son esenciales para mantener el equilibrio y prevenir caídas.
Alimentación deficiente: Si la dieta no incluye suficiente calcio (presente en lácteos, verduras de hoja verde, entre otros) y vitamina D (que se obtiene del sol y algunos alimentos), el hueso se debilita.
Uso prolongado de corticoides: Estos medicamentos se usan para tratar enfermedades inflamatorias o autoinmunes. Cuando se toman por mucho tiempo, pueden disminuir la densidad del hueso y hacerlo más frágil.
Caídas previas o fracturas anteriores: Indican que ya existe una condición de riesgo que debe ser atendida para evitar nuevas fracturas.
¿A quién le ocurre?
Cualquier persona puede fracturarse el fémur, pero hay dos grupos especialmente vulnerables:
Adultos mayores: Por la pérdida natural de masa ósea, menor agilidad y problemas de equilibrio. Una caída leve puede provocar una fractura seria.
Jóvenes activos: Aunque tienen huesos fuertes, pueden sufrir fracturas por accidentes de alta energía o deportes de alto impacto.
Prevención
Consejos para prevenir
Mantener una dieta rica en calcio y vitamina D.
Hacer ejercicio regularmente para fortalecer huesos y mejorar el equilibrio.
Revisar el hogar y eliminar peligros de caída (alfombras sueltas, escalones, poca iluminación).
Usar calzado adecuado.
Consultar al médico para valorar la salud ósea, especialmente en mujeres mayores.
Especialistas involucrados
Ortopedista: especialista en huesos y articulaciones que realiza la cirugía y supervisa la recuperación del paciente.
Fisioterapeuta: enseña y guía los ejercicios necesarios para recuperar la movilidad, volver a caminar y fortalecer la pierna.
Nutricionista: ayuda a mejorar la salud de los huesos con una alimentación adecuada rica en calcio, vitamina D y otros nutrientes esenciales.
Diagnóstico / Detección
¿Cómo se diagnostica?
El personal de salud sigue varios pasos para confirmar una fractura:
Evaluar los síntomas y el contexto: Saber cómo ocurrió la lesión ayuda a determinar su gravedad.
Examen físico: Se revisa la pierna, la sensibilidad, el movimiento y posibles deformidades.
Radiografía: prueba que utiliza rayos X para obtener imágenes del interior del cuerpo y permite ver si el hueso está roto y exactamente en qué lugar.
Tomografía computarizada (TAC): estudio más detallado que combina rayos X y computadora para mostrar imágenes en 3D del hueso.
Tratamiento
Síntomas
Una fractura de fémur puede identificarse por los siguientes signos:
Dolor intenso e inmediato en el muslo, especialmente al intentar moverse o apoyar el peso del cuerpo.
Incapacidad para caminar o mover la pierna. La pierna puede quedar inmóvil o muy dolorida.
Deformidad en la pierna: Puede verse torcida, más corta o girada hacia un lado.
Hinchazón, moretones y cambios de color en la piel: Señales de que hubo una lesión interna importante.
Sensación de frialdad o palidez en el pie: Podría indicar problemas con la circulación sanguínea debido a la fractura.
¿Qué hacer?
Ante una fractura sospechosa:
No mover la pierna. Cualquier movimiento puede empeorar la lesión.
Inmovilizar: Si se tiene acceso a una tabla o elemento rígido, usarlo para mantener la pierna recta.
Aplicar frío: Colocar hielo envuelto en un paño sobre la zona para reducir la inflamación.
Buscar atención médica urgente: La persona debe ser llevada a un hospital para recibir tratamiento.
¿Cómo se diagnostica?
El personal de salud sigue varios pasos para confirmar una fractura:
Evaluar los síntomas y el contexto: Saber cómo ocurrió la lesión ayuda a determinar su gravedad.
Examen físico: Se revisa la pierna, la sensibilidad, el movimiento y posibles deformidades.
Radiografía: prueba que utiliza rayos X para obtener imágenes del interior del cuerpo y permite ver si el hueso está roto y exactamente en qué lugar.
Tomografía computarizada (TAC): estudio más detallado que combina rayos X y computadora para mostrar imágenes en 3D del hueso.
Formas de tratarla
Cirugía: Es el tratamiento más frecuente. Permite unir los fragmentos del hueso para que sanen bien.
Clavos intramedulares: Son barras metálicas que se colocan dentro del hueso.
Placas y tornillos: Se fijan en la parte externa del hueso para mantener su alineación.
Prótesis de cadera: Se utiliza cuando la fractura afecta la unión con la cadera y el hueso está muy dañado.
Tratamiento sin cirugía: Solo se considera si la persona no puede ser operada. Requiere reposo prolongado y tiene más riesgos de complicaciones.
Rehabilitación: Después de la cirugía, la fisioterapia es fundamental. Ayuda a recuperar fuerza, equilibrio y movilidad.
Señales de alarma
Durante la recuperación, se debe consultar al médico si aparecen:
Dolor que aumenta: el dolor no disminuye con el tiempo o se intensifica.
Enrojecimiento, calor o secreción en la herida: la piel alrededor de la herida se ve roja, caliente o sale líquido amarillento o verdoso (pus), lo que puede indicar infección.
Fiebre: temperatura alta que puede acompañar a una infección.
Cambios en el color de los dedos del pie o dificultad para moverlos: los dedos se ven más pálidos, morados o azulados, lo que puede indicar problemas de circulación, y se puede sentir dificultad para moverlos.

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