Fractura de la pelvis
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La pelvis es una estructura ósea que se encuentra en la base de la columna y conecta esta con las piernas. Tiene forma de anillo y está formada por varios huesos: el ilion, el pubis, el isquion y el sacro. La pelvis sostiene el peso del cuerpo cuando estamos de pie, caminamos o nos sentamos. Además, protege órganos importantes como la vejiga, parte del intestino y, en las mujeres, el útero.
Una fractura de la pelvis ocurre cuando uno o varios de estos huesos se rompen. Dependiendo de la fuerza del golpe, la fractura puede ser simple (sin desplazamiento de los huesos) o compleja (cuando los huesos se mueven de su lugar o se rompen en varios fragmentos). Esta lesión puede afectar la movilidad, provocar dolor intenso y poner en riesgo órganos internos o vasos sanguíneos cercanos.
¿Qué la causa?
Las fracturas de pelvis se producen por dos tipos de causas principales:
Traumatismos de alta energía: Esto incluye accidentes de tránsito, atropellos, caídas desde gran altura o aplastamientos. Son más comunes en personas jóvenes y activas, ya que se necesita una fuerza considerable para romper el anillo pélvico.
Traumatismos de baja energía: en personas mayores, especialmente aquellas con huesos debilitados por osteoporosis (enfermedad que hace que los huesos pierdan densidad y se vuelvan más frágiles), incluso una caída leve o un movimiento brusco puede provocar una fractura.
En ambas situaciones, la fractura puede comprometer no solo los huesos, sino también estructuras cercanas como vasos sanguíneos, nervios y órganos pélvicos.
Síntomas
Síntomas
Los síntomas pueden variar según la gravedad de la fractura, pero los más comunes son:
Dolor intenso en la región baja del abdomen o la ingle, especialmente al moverse o intentar caminar.
Imposibilidad para caminar o mantenerse de pie, debido al dolor o la inestabilidad en la zona.
Inflamación o moretones visibles en la parte baja del abdomen, la cadera o los glúteos.
Sensación de debilidad o mareo, que puede indicar una pérdida de sangre interna.
Dificultad para orinar o evacuaciones anormales, en casos donde la fractura afecta los órganos pélvicos.
¿Qué hacer?
Si se sospecha una fractura de pelvis:
Evitar mover a la persona. El movimiento puede empeorar la lesión o provocar más daño.
Llamar a urgencias o trasladar al paciente con cuidado al hospital.
No intentar levantar ni enderezar la pelvis, ya que puede haber sangrado interno o órganos comprometidos.
Si es posible, inmovilizar la zona pélvica usando una sábana enrollada alrededor de las caderas para evitar el movimiento.
Factores de riesgo
Factores de riesgo
Algunos factores hacen que una persona tenga más posibilidades de sufrir una fractura de pelvis:
Edad avanzada: con los años, los huesos pierden densidad ósea (cantidad y fuerza del tejido óseo) y se vuelven más frágiles, aumentando el riesgo de fracturas incluso con golpes leves.
Osteoporosis: enfermedad que debilita los huesos, es más común en mujeres después de la menopausia, haciendo que la pelvis y otros huesos puedan fracturarse con caídas pequeñas o esfuerzos leves.
Accidentes de tránsito o caídas graves: En personas jóvenes y activas, una lesión de pelvis suele ser el resultado de un impacto fuerte, como un choque vehicular o una caída desde una escalera.
Enfermedades que afectan los huesos: incluyen condiciones como cáncer óseo (tumores que dañan la estructura del hueso) o ciertas enfermedades genéticas que debilitan el sistema óseo.
¿A quién le ocurre?
Esta fractura puede afectar a cualquier persona, pero existen dos grupos principales:
Adultos mayores: Suelen sufrir fracturas de pelvis por caídas simples debido a la fragilidad ósea y a la pérdida del equilibrio o fuerza muscular.
Adultos jóvenes: Están más expuestos a traumatismos de alta energía como accidentes de tránsito, deportes extremos o trabajos de alto riesgo.
Prevención
Consejos para prevenir
Prevenir caídas en casa: asegura zonas de paso colocando tapetes antideslizantes, buena iluminación y usando pasamanos en las escaleras para apoyarte y mantener el equilibrio, reduciendo el riesgo de accidentes.
Mantener huesos fuertes: consume alimentos ricos en calcio (que fortalece los huesos) y vitamina D (que ayuda al cuerpo a absorber el calcio). Hacer ejercicio regularmente también fortalece los huesos y los músculos, lo que protege contra fracturas.
Evitar accidentes: usa el cinturón de seguridad al conducir, maneja con precaución y emplea equipo de protección en trabajos de riesgo.
Detectar y tratar la osteoporosis: realizar densitometrías para medir la densidad de los huesos y seguir el tratamiento indicado si es necesario.
Especialistas involucrados
Ortopedista o traumatólogo: especialista en huesos y articulaciones; evalúa el tipo de fractura y decide si se requiere cirugía.
Cirujano de trauma: interviene cuando hay otras lesiones internas graves que necesitan atención inmediata.
Fisioterapeuta: diseña ejercicios seguros para recuperar la movilidad y fortalecer la pierna sin empeorar la fractura.
Nutricionista: aconseja sobre alimentos y nutrientes que ayudan a fortalecer los huesos y favorecer la recuperación.
Psicólogo o trabajador social: brinda apoyo emocional y orientación durante una recuperación prolongada.
Diagnóstico / Detección
¿Cómo se diagnostica?
Una vez en el hospital, el equipo médico seguirá estos pasos:
Evaluación clínica: El profesional revisa los síntomas, el tipo de accidente y el estado general del paciente.
Radiografía de pelvis: examen con rayos X que muestra si hay fractura y en qué parte del anillo pélvico (la estructura ósea que forma la pelvis) se encuentra.
Tomografía axial computarizada (TAC): estudio que combina rayos X y computadora para obtener imágenes detalladas en 3D; se usa cuando se necesita ver con precisión la fractura.
Análisis de sangre o estudios adicionales, para verificar si hay pérdida de sangre o daño interno.
Tratamiento
Formas de tratarla
El tratamiento depende de la gravedad de la fractura:
Fracturas estables o leves: son aquellas donde los huesos permanecen en su lugar. El tratamiento incluye analgésicos (medicamentos que alivian el dolor), reposo en cama y fisioterapia progresiva.
Fracturas inestables o complejas: Cuando hay desplazamiento de los huesos o riesgo para órganos internos. Se requiere cirugía para colocar tornillos, placas o fijadores externos que estabilicen la pelvis.
Control del sangrado interno: en fracturas graves de la pelvis, el tratamiento inicial puede incluir transfusiones de sangre y el uso de dispositivos de compresión pélvica (herramientas o fajas especiales que aprietan suavemente la pelvis para reducir la pérdida de sangre).
Señales de alarma
Es importante buscar ayuda urgente si aparecen:
Dolor que aumenta: el dolor no disminuye con el tratamiento habitual.
Fiebre, enrojecimiento o secreción en la herida: la piel alrededor de la cirugía está roja, caliente o sale líquido amarillento/verdoso (pus), lo que puede indicar infección.
Dificultad para mover las piernas o pérdida de sensibilidad: puede indicar afectación de los nervios o la médula espinal.
Cambios en la forma de orinar o defecar: dificultad para controlar la vejiga o intestinos, lo que requiere atención médica inmediata.

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