Fractura de la tibia
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La fractura de la tibia es una lesión en la que se rompe parcial o totalmente el hueso principal que se encuentra en la parte inferior de la pierna, entre la rodilla y el tobillo. Este hueso, conocido comúnmente como el "hueso de la espinilla", es el segundo más largo y uno de los más fuertes del cuerpo humano. Tiene una función vital: soporta el peso del cuerpo, permite caminar, correr y mantener el equilibrio.
Cuando este hueso se fractura, la persona suele sentir un dolor muy fuerte de inmediato, acompañado de hinchazón, incapacidad para caminar y, en algunos casos, una deformidad visible en la pierna. A veces se escucha un crujido en el momento de la lesión.
¿Qué la causa?
Accidentes de tránsito: Golpes fuertes por choques o caídas de moto pueden romper la tibia al quedar la pierna atrapada o recibir presión directa.
Caídas desde altura: Al caer desde escaleras u otras superficies elevadas, la fuerza del impacto puede fracturar la tibia, especialmente si la pierna recibe toda la carga.
Deportes de contacto: Actividades como fútbol, baloncesto o rugby pueden causar fracturas por golpes, caídas o movimientos bruscos sin técnica o calentamiento adecuados.
Golpes directos: Caída de objetos pesados sobre la pierna o accidentes laborales pueden fracturar el hueso de forma inmediata.
Sobrecarga repetitiva: Profesiones o deportes con esfuerzos constantes pueden provocar microfracturas que, sin descanso, evolucionan a fracturas completas.
Debilidad ósea por enfermedades: Como la osteoporosis, que vuelve el hueso frágil. También pueden influir tumores, desnutrición o medicamentos prolongados.
Síntomas
Síntomas
Dolor agudo, dolor intenso y repentino que aparece en la parte inferior de la pierna. Suele empeorar al mover la pierna o al intentar apoyar el pie en el suelo.
Dificultad o imposibilidad para caminar o apoyar peso sobre la pierna afectada. En muchos casos, la persona no puede dar ni un paso.
Hinchazón visible y aparición de moretones alrededor del sitio de la fractura, debido al sangrado interno que ocurre al romperse el hueso.
Deformidad evidente en casos más graves, cuando el hueso se desplaza de su lugar. Esto puede notarse como una curva anormal o acortamiento de la pierna.
Sonido de crujido o chasquido en el momento de la lesión, que indica la rotura del hueso.
Fractura abierta, si el hueso atraviesa la piel, se observa una herida con sangrado y, en algunos casos, se ve el hueso expuesto. Esta situación es una urgencia médica.
¿Qué hacer?
No mover la pierna lesionada.
No intentar enderezarla ni caminar.
Llamar a emergencias o acudir inmediatamente a un servicio de urgencias.
Si es posible, inmovilizar la pierna con una tabla o un objeto rígido y aplicar hielo cubierto con un paño.
Factores de riesgo
Factores de riesgo
Práctica deportiva intensa o sin técnica adecuada: La repetición de movimientos sin el entrenamiento correcto, sin calentamiento o con calzado inadecuado puede sobrecargar los huesos y provocar lesiones, especialmente en deportes como atletismo, fútbol o baloncesto.
Ambientes laborales peligrosos: Personas que trabajan en construcción, minería o transporte suelen estar expuestas a riesgos como caídas, golpes o aplastamientos que pueden afectar directamente la tibia.
Edad avanzada: a medida que envejecemos, los huesos pierden densidad (la cantidad de tejido que los hace fuertes) y se vuelven más frágiles, por lo que incluso un pequeño accidente o caída puede causar una fractura.
Alimentación deficiente: una dieta baja en calcio (mineral que fortalece los huesos) y vitamina D (nutriente que ayuda al cuerpo a absorber el calcio), así como insuficiente en proteínas, debilita los huesos y disminuye su resistencia, aumentando el riesgo de fracturas.
Historial médico de debilidad ósea o fracturas anteriores: Si ya has tenido una fractura por una caída leve, es probable que tus huesos estén más frágiles y en mayor riesgo de romperse nuevamente.
¿A quién le ocurre?
Niños y adolescentes: Tienen huesos en crecimiento y son muy activos físicamente, lo que los expone a caídas durante el juego o actividades deportivas.
Adultos jóvenes: Están más involucrados en deportes de contacto, actividades físicas exigentes y suelen estar expuestos a accidentes de tráfico o laborales.
Personas mayores: con la edad, se produce pérdida de masa ósea (disminución de la cantidad y fortaleza del hueso), además de menor equilibrio y reflejos, lo que aumenta el riesgo de caídas y fracturas incluso con golpes leves.
Prevención
Consejos para prevenir
Mantener una dieta rica en calcio, vitamina D y proteínas: el calcio es el mineral principal que forma los huesos, la vitamina D ayuda a que el cuerpo absorba el calcio, y las proteínas son necesarias para que los músculos y tejidos se mantengan fuertes.
Usar equipo de protección adecuado en deportes y trabajos de riesgo: cascos, rodilleras, muñequeras o cinturones protegen los huesos (estructuras que sostienen el cuerpo) y músculos (tejidos que permiten moverse) de golpes y lesiones.
Realizar ejercicio físico regular: fortalece los músculos y huesos, mejora el equilibrio y la coordinación, y reduce el riesgo de caídas.
Evitar superficies resbalosas y mantener los espacios del hogar seguros: reduce la posibilidad de tropezar o caer, lo que ayuda a prevenir fracturas.
Consultar al médico si se tiene osteoporosis u otra enfermedad ósea: la osteoporosis es cuando los huesos se vuelven frágiles y se rompen con más facilidad. Un médico puede indicar tratamientos o hábitos que fortalezcan los huesos y eviten lesiones.
Especialistas involucrados
Ortopedista o traumatólogo: especialista en huesos y articulaciones; decide si necesitas cirugía o tratamiento específico y supervisa la recuperación.
Fisioterapeuta: experto en ejercicios y movimiento; ayuda a recuperar fuerza, movilidad y funcionalidad del miembro afectado.
Nutricionista: orienta sobre alimentos y nutrientes que fortalecen los huesos y favorecen la recuperación.
Enfermería especializada: se encarga de los cuidados diarios, curaciones y educación sobre cómo manejar la lesión en casa
Diagnóstico / Detección
¿Cómo se diagnostica?
Exploración física: el médico revisa el pie o la pierna para identificar dolor, hinchazón o deformidad.
Radiografías: imágenes con rayos X que permiten confirmar el tipo de fractura y su ubicación exacta.
Tomografía (TAC): estudio más detallado que combina rayos X y computadora para ver con precisión los huesos, especialmente útil en fracturas cerca de articulaciones.
Formas de tratarla
El tratamiento dependerá del tipo de fractura, su localización y la condición general del paciente:
Tratamiento sin cirugía: se usa cuando la fractura no está desplazada (los pedazos del hueso roto siguen alineados correctamente). La pierna se inmoviliza con yeso o férula y se recomienda reposo prolongado para que el hueso sane bien.
Tratamiento quirúrgico: se realiza cuando la fractura está desplazada (los pedazos del hueso roto no están en su lugar), es inestable o es una fractura abierta (el hueso atraviesa la piel). Las opciones incluyen:
Clavo intramedular: Se introduce una barra metálica dentro del canal central del hueso, lo que proporciona estabilidad desde el interior.
Placas y tornillos: Se fijan externamente sobre el hueso para mantener los fragmentos en su lugar.
Fijadores externos: Son estructuras que rodean la pierna desde fuera y sujetan el hueso cuando hay daño en la piel o riesgo de infección.
Rehabilitación
Después del tratamiento, la recuperación incluye:
Fisioterapia: Para recuperar la fuerza muscular, la movilidad y el equilibrio. Los ejercicios deben ser progresivos y adaptados al nivel de recuperación.
Ejercicios guiados: Evitan la rigidez de la rodilla o el tobillo y mejoran la circulación.
Uso de muletas o andador: Para evitar cargar peso sobre la pierna mientras sana.
La rehabilitación puede durar semanas o meses, dependiendo de la gravedad de la fractura y la respuesta del cuerpo al tratamiento.
Señales de alarma
Dolor persistente o que empeora: el dolor no disminuye con el tiempo o se vuelve más intenso, lo que puede indicar que la lesión o infección empeora.
Fiebre, enrojecimiento o secreción en la zona de la cirugía o herida: estos son signos de infección en la piel o dentro del cuerpo que requieren atención médica inmediata.
Hinchazón repentina o cambio de color en pie o pierna: puede indicar problemas con la circulación, inflamación o acumulación de líquido, y debe revisarse pronto.
Pérdida de sensibilidad o debilidad en los dedos del pie: señales de que los nervios podrían estar afectados, lo que puede afectar el movimiento y la sensación del pie.
Estas señales pueden indicar una infección, trombosis (coágulo de sangre que bloquea una vena) u otra complicación que requiere atención médica inmediata.

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