Infección y reacción inflamatoria por dispositivos protésicos
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Salud de la Fundación Santa Fe.
Cuando se introduce un implante o prótesis (dispositivo o estructura que se coloca dentro del cuerpo para reemplazar, reparar o apoyar un hueso, articulación u órgano, como cadera, rodilla, tornillos, marcapasos o implantes dentales), el cuerpo puede reaccionar de diferentes formas. Una reacción inflamatoria ocurre cuando el sistema inmunológico detecta el material como extraño, provocando enrojecimiento, hinchazón, calor y dolor. Aunque generalmente no es grave, puede causar molestias y requerir tratamiento para aliviar los síntomas.
Una infección protésica es más preocupante. Sucede cuando bacterias u otros gérmenes se adhieren al implante y forman una capa protectora que cubre a los gérmenes), lo que los protege de los antibióticos (medicamentos que matan bacterias) y del sistema inmunológico, dificultando su eliminación. Estas infecciones pueden aparecer poco tiempo después de la cirugía o incluso años más tarde si una infección en otra parte del cuerpo se disemina a través de la sangre y alcanza el implante.
¿Qué la causa?
Entre las causas más comunes encontramos:
Contaminación en el quirófano: Aunque se siguen protocolos estrictos de higiene, siempre existe un pequeño riesgo de que entren bacterias durante la cirugía. Estas pueden asentarse en la superficie del implante.
Infección por biofilm: Algunos microorganismos, especialmente las bacterias, pueden adherirse al implante y formar una capa que actúa como un escudo que dificulta la acción de los antibióticos y de las defensas del cuerpo.
Infección secundaria desde otra parte del cuerpo: Una infección dental, cutánea, urinaria o gastrointestinal puede liberar bacterias que se desplacen por la sangre hasta el dispositivo, iniciando una infección en un sitio previamente sano.
Reacción inflamatoria estéril (sin infección): En algunos casos, el cuerpo puede generar una respuesta inflamatoria sin presencia de bacterias. Esta situación se presenta como dolor e hinchazón local, pero no requiere antibióticos sino antiinflamatorios y vigilancia médica.
Síntomas
Síntomas
Los síntomas varían según el tipo de implante y la severidad del problema, pero los más comunes incluyen:
Dolor persistente o nuevo en la zona del implante que no mejora con el paso de los días.
Enrojecimiento, calor y aumento del volumen (hinchazón) en el área.
Salida de líquido turbio o pus por la herida quirúrgica: indica que puede haber una infección; el pus es un líquido espeso producido por el cuerpo cuando lucha contra los gérmenes.
Fiebre, escalofríos o sensación de malestar general: señales de que el cuerpo está combatiendo una infección que podría estar extendiéndose.
Fatiga inexplicable o decaimiento: sentirse muy cansado sin motivo puede ser un signo de infección o que el cuerpo está bajo estrés por la enfermedad.
Sensación de aflojamiento del implante o dificultad para usar la zona (por ejemplo, caminar con una prótesis de rodilla).
¿Qué hacer?
Acudir al médico lo más pronto posible.
No automedicarse ni aplicar cremas o remedios caseros sin indicación.
Mantener el área limpia y observar cambios en la herida: Vigilar cualquier cambio en el color de la piel, olor o cantidad de líquido que salga, ya que estos signos pueden indicar infección o problemas en la cicatrización.
Informar al profesional de salud si hubo infecciones recientes en otras partes del cuerpo.
Factores de riesgo
Factores de riesgo
Los factores que aumentan la probabilidad de estas complicaciones incluyen:
Cirugía reciente con dispositivo: el riesgo de complicaciones o infección es mayor durante las primeras semanas después de la operación.
Diabetes: dificulta que el cuerpo combata infecciones y retrasa la cicatrización de heridas.
Obesidad: aumenta las complicaciones durante la cirugía y eleva la posibilidad de infecciones.
Sistema inmune debilitado: ocurre por enfermedades como VIH, cáncer o por medicamentos que reducen las defensas (como corticoides o quimioterapia).
Edad avanzada: con la edad, las defensas del cuerpo se vuelven menos eficaces.
Desnutrición: la falta de nutrientes dificulta la recuperación después de la cirugía.
Higiene inadecuada o cuidados deficientes: no limpiar o cuidar bien la herida aumenta el riesgo de infección.
Infecciones previas no tratadas correctamente: por ejemplo, en dientes, piel o vías urinarias, pueden diseminarse y afectar el implante.
¿A quién le ocurre?
Esta condición puede presentarse en:
Pacientes que han recibido una prótesis o implante quirúrgico, como prótesis articulares, marcapasos, prótesis dentales, válvulas cardíacas, catéteres u otros dispositivos médicos.
Personas con enfermedades crónicas que afectan su sistema de defensas, son aquellas que tienen problemas de salud que duran mucho tiempo.
Adultos mayores, quienes suelen tener más cirugías acumuladas y menor respuesta inmune.
Pacientes con infecciones previas mal controladas o quienes no recibieron seguimiento médico adecuado tras la colocación del implante.
Prevención
Consejos para prevenir
Buena higiene personal y del entorno postquirúrgico.
Control estricto de enfermedades: Mantener los niveles o parámetros corporales dentro de los rangos adecuados ayuda a que el cuerpo se cure mejor y reduzca el riesgo de infecciones o complicaciones.
No fumar: el tabaco disminuye la circulación y la cicatrización.
Revisiones médicas regulares.
Avisar a los médicos sobre la existencia del implante si se realiza otro procedimiento quirúrgico o dental.
Especialistas involucrados
Ortopedista especialista en el área afectada.
Infectólogo: especialista en infecciones; identifica los gérmenes y decide el tratamiento adecuado.
Fisioterapeuta: ayuda a recuperar fuerza, movilidad y función después de la cirugía o lesión.
Médico general o internista: hace el seguimiento general de la salud y coordina los cuidados necesarios.
Psicólogo o trabajador social: brinda apoyo emocional cuando el tratamiento es largo o complicado, ayudando a manejar estrés y ansiedad.
Otras especialidades según la causa.
Diagnóstico / Detección
¿Cómo se diagnostica?
Exámenes de sangre: se toma una muestra de sangre para medir células y sustancias que indican si hay inflamación o infección en el cuerpo.
Imágenes médicas: utilizan rayos X, ultrasonido, computadora o imanes para crear fotos del interior del cuerpo y ver cómo está el implante, si hay inflamación o líquido acumulado.
Cultivos microbiológicos: se toma un poco de líquido de la herida y se pone en un laboratorio para identificar qué bacterias, hongos u otros gérmenes hay, y así elegir el tratamiento adecuado.
Aspiración articular o peri protésica: con una aguja estéril se extrae líquido de la articulación o alrededor del implante para analizarlo y detectar infección o problemas en el área.
Tratamiento
Formas de tratarla
El tratamiento depende del tipo de infección, el tiempo desde la cirugía y el estado del paciente:
Antibióticos intravenosos: específicos para la bacteria detectada, por al menos 4 a 6 semanas.
Cirugía de limpieza (desbridamiento): se retira el tejido dañado o infectado, intentando conservar el implante si es viable.
Reemplazo del implante:
En uno o dos tiempos dependiendo de la gravedad.
Se retira y coloca otro nuevo en la misma cirugía
Se espera un tiempo con antibióticos antes de colocar el nuevo dispositivo.
Tratamiento del biofilm: esta capa protectora que rodea a los gérmenes es difícil de eliminar solo con medicamentos (como antibióticos), por lo que muchas veces es necesario recurrir a cirugía para retirar o limpiar la zona afectada.
En infecciones no bacterianas, el tratamiento se basa en antiinflamatorios, fisioterapia y seguimiento clínico cercano.
Rehabilitación
Una vez tratado el problema, la recuperación es clave para evitar recaídas:
Reposo moderado al inicio, según la zona afectada.
Ejercicios de rehabilitación bajo supervisión profesional.
Cuidados del sitio quirúrgico para evitar reinfección.
Soporte emocional y seguimiento psicológico si el proceso fue largo o con complicaciones.
Señales de alarma
Fiebre sin causa aparente tras una cirugía.
Herida que supura o no cierra.
Dolor que reaparece luego de semanas sin molestias.
Cambio en la movilidad o sensación de que el dispositivo “no está firme”.

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