Traumatismo del tendón del manguito rotador del hombro
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El manguito rotador es un grupo de cuatro músculos (tejidos que permiten mover el brazo) y tendones (fibras que unen los músculos con los huesos) que rodean la articulación del hombro (la unión entre los huesos del brazo y el hombro). Estos tendones permiten levantar, girar y estabilizar el brazo, y son fundamentales para actividades diarias como peinarse, vestirse o alcanzar objetos.
Un traumatismo del manguito rotador se refiere a una lesión en alguno de estos tendones, que puede manifestarse como inflamación (tendinitis), desgaste progresivo (tendinosis), desgarro parcial o ruptura completa. La lesión puede ser causada por un golpe directo, un esfuerzo repentino o el uso repetitivo del brazo en ciertas posiciones.
¿Qué lo causa?
Movimientos repetitivos sobre el nivel del hombro: por ejemplo, pintar una pared, colgar ropa o nadar. Estos movimientos constantes generan roce entre los tendones y los huesos del hombro. Con el tiempo, ese roce puede causar inflamación o desgaste del tendón.
Caídas o golpes directos en el hombro: una caída sobre el brazo extendido o un impacto fuerte (como en un accidente o al practicar deporte) puede provocar un desgarro inmediato del tendón, especialmente si ya estaba debilitado.
Desgaste por envejecimiento: con los años, los tendones se deshidratan, pierden elasticidad y se debilitan. Esto significa que, incluso sin un golpe fuerte, pueden lesionarse al realizar tareas simples como levantar una bolsa de mercado.
Debilidad muscular y mala postura: cuando los músculos del hombro y la espalda no están fuertes, el cuerpo depende más de los tendones. Además, una postura encorvada desplaza la articulación y genera fricción sobre el manguito rotador, aumentando el riesgo de lesión.
Síntomas
Síntomas
Dolor en la parte superior del hombro o el costado del brazo: aparece al levantar el brazo, alcanzar objetos, o incluso en reposo. El dolor puede ser punzante o constante.
Dificultad para levantar el brazo: al tratar de alzar el brazo por encima del nivel del hombro, aparece dolor o debilidad que limita el movimiento.
Debilidad en el brazo: incluso tareas simples como sostener una taza o peinarse pueden resultar difíciles.
Sensación de chasquido o fricción: al mover el hombro, se siente que algo “roza” dentro de la articulación. Esto indica roce entre el tendón inflamado y los huesos.
Dolor nocturno: muchas personas no pueden dormir del lado afectado por el dolor, lo que altera el descanso.
¿Qué hacer?
Aplicar hielo: Bolsa de hielo (envuelta en un paño) sobre el hombro 15-20 minutos, 3 o 4 veces al día. Esto reduce la inflamación y alivia el dolor.
Evitar movimientos que causen dolor: no levantar objetos pesados, ni mover el brazo por encima de la cabeza hasta que se consulte a un médico.
Tomar medicamentos antiinflamatorios: fármacos que ayudan a reducir el dolor y la inflamación. Deben usarse solo si lo indica un médico, porque alivian los síntomas, pero no reemplazan el tratamiento de la causa.
Consultar al médico: si después de unos días el dolor no mejora o aumenta, es necesario acudir a valoración médica.
Factores de riesgo
Factores de riesgo
Edad mayor de 40 años: el proceso natural de envejecimiento hace que los tendones sean más frágiles. A mayor edad, mayor riesgo de desgarro, incluso sin trauma directo.
Actividades laborales o deportivas repetitivas: trabajos como la construcción, carpintería o deportes como el tenis implican levantar el brazo constantemente. Esto genera un desgaste continuo que puede terminar en una lesión.
Historial de lesiones previas en el hombro: si el tendón se ha lesionado antes y no se ha recuperado del todo, será más débil y susceptible a una nueva lesión.
Falta de calentamiento y estiramiento antes de hacer ejercicio: iniciar una actividad física intensa con los músculos fríos aumenta el riesgo de sobrecarga o ruptura de los tendones.
¿A quién le ocurre?
Personas mayores: por el deterioro progresivo de los tendones. Lesiones que antes no ocurrían, ahora aparecen con movimientos simples.
Trabajadores que usan mucho los brazos: quienes levantan, cargan, empujan o manipulan objetos repetidamente tienen más riesgo, especialmente si no toman pausas o no fortalecen la musculatura.
Deportistas de lanzamiento o natación: el uso repetido del hombro en posiciones elevadas genera fricción y micro traumas que, con el tiempo, dañan los tendones.
Personas sedentarias con mala postura o sobrepeso: al tener músculos débiles y cargar más peso, el tendón debe compensar más esfuerzo y se sobrecarga fácilmente.
Prevención
Consejos para prevenir
Calentar y estirar antes de ejercitarse: preparar los músculos y tendones antes del ejercicio ayuda a reducir el riesgo de lesiones.
Evitar levantar objetos pesados sobre los hombros: si necesitas levantar algo pesado, pide ayuda o usa herramientas como una escalera para no sobrecargar los hombros.
Fortalecer la espalda y los hombros: hacer ejercicios como remo o estiramientos guiados mantiene los músculos fuertes y protege los tendones.
Mantener buena postura: estar sentado o de pie con los hombros relajados y la espalda recta reduce la tensión en la articulación del hombro.
Consultar ante cualquier dolor persistente: acudir al médico temprano permite tratar problemas antes de que se vuelvan graves.
Especialistas involucrados
Médico general: orienta y evalúa la gravedad del caso.
Ortopedista: especialista en lesiones articulares y musculoesqueléticas.
Fisioterapeuta: diseña y supervisa ejercicios de rehabilitación.
Radiólogo: realiza e interpreta estudios de imagen.
Diagnóstico / Detección
¿Cómo se diagnostica?
Examen físico: el médico mueve tu brazo y toca el hombro para ver dónde duele, qué tan fuerte están los músculos y si puedes mover el brazo normalmente.
Ecografía: un aparato con un cabezal emite ondas de sonido que rebotan en los tejidos y muestran imágenes en una pantalla; así se puede ver inflamación, líquido o desgarros en los tendones.
Resonancia magnética: utiliza imanes y ondas de radio para crear imágenes detalladas de los músculos, tendones y otros tejidos blandos del hombro; no duele y ayuda a detectar lesiones más graves.
Radiografía: el aparato emite rayos X que atraviesan el cuerpo y muestran los huesos en una imagen; no sirve para ver tendones, pero permite detectar fracturas o desgaste óseo.
Tratamiento
Formas de tratarlo
Fisioterapia: se basa en ejercicios progresivos para recuperar la movilidad y fortalecer los músculos del hombro. Es el tratamiento más común en casos leves o moderados.
Medicamentos antiinflamatorios: ayudan a reducir el dolor y la hinchazón, permitiendo iniciar la rehabilitación.
Infiltraciones con corticoides: se aplican directamente en el hombro para aliviar inflamación intensa. Deben ser indicadas por el médico, y no se recomiendan de forma repetida porque pueden debilitar los tendones.
Cirugía: se realiza cuando hay un desgarro completo, no mejora con fisioterapia o el hombro está muy limitado. Generalmente se hace por artroscopia, un tipo de cirugía con una cámara pequeña que permite ver y reparar los tendones sin abrir toda la articulación.
Rehabilitación
Ejercicios suaves al inicio: estiramientos y movimientos pasivos guiados por el fisioterapeuta.
Fortalecimiento progresivo: con bandas elásticas o pesas livianas.
Evitar recaídas: aprendiendo posturas correctas y cómo distribuir el esfuerzo en el cuerpo.
Constancia: seguir el plan de ejercicios diariamente acelera la recuperación.
Señales de alarma
Dolor que no mejora o empeora: puede indicar que la lesión está avanzando o complicándose.
Dificultad para mover el brazo o sensación de “brazo caído”: muestra que los músculos o tendones están afectados y el hombro no funciona correctamente.
Inflamación visible, enrojecimiento o calor: señales de inflamación o posible infección en la zona.
Fiebre o malestar general: puede acompañar a una infección más grave y requiere atención médica inmediata.

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